En las últimas décadas,
gracias a las resientes investigaciones en el área de las neurociencias y la
psicología, se han descubierto muchos avances con relación al comportamiento
del cerebro, su estructura, conexiones, y como poder alcanzar el máximo del
potencial del mismo, ya que, sólo usamos parte
del potencial del cerebro. Es así que nace la Estimulación Temprana.
Según la revista
Neurociencias, la estimulación temprana se conoce como la intervención
terapéutica necesaria y útil, encaminada a desarrollar al máximo el potencial
psicofísico social de cualquier niño/a.
Podemos encontrar también definiciones como “es
el conjunto de medios, técnicas y actividades con base científica y aplicada en
forma sistemática y secuencial. Es una manera de potenciar el desarrollo
motriz, cognitivo, social y emocional de los niños/as, respetando el desarrollo
individual y la predisposición de cada uno, ya que, cada etapa de desarrollo
necesita de diferentes estímulos” 1. Es una premisa importante para la evolución
normal en el niño/a, con influencia en las diferentes fases del desarrollo, de
modo que el número y la calidad de las primeras experiencias que recibe resultan
esenciales para su desarrollo; y, en caso de no producirse en un grado mínimo,
los defectos resultarán en muchos casos irreversibles.
Siguiendo esta línea se cree
que la maduración del niño/a depende no sólo de lo que trae consigo al nacer,
sino también de lo que el medio le aporta; así, se plantea como idea, en la que
todos están unánimemente de acuerdo, la necesidad de estimular adecuadamente el
organismo durante su período de crecimiento para, de este modo, contribuir a
acelerar el desarrollo mental y social, e interrumpir o corregir los defectos y
actuar en la prevención de la subnormalidad.
Este tratamiento realizado
durante los primeros años se conoce como estimulación temprana (ET) y se define
como la “estimulación regulada y continuada, llevada a cabo en todas las áreas
sensoriales, sin forzar en ningún sentido el curso lógico de la maduración del
sistema nervioso, y determinada por su carácter sistemático y secuencial”2. Se
basa, desde el punto de vista teórico, en la psicología del desarrollo, la
psicología de la conducta y la neurología evolutiva.
La acción de esta estimulación
se sitúa fundamentalmente, aunque no se limita sólo a este período, en los
primeros años de vida del niño, donde su comportamiento, según Piaget, se
corresponde con la inteligencia sensitivo-motora. El niño responde a estímulos
sensitivos con respuestas motoras y, en muchos casos, la ausencia de respuestas
motoras a la estimulación de tipo sensorial expresa compromiso neurológico: las
limitaciones para el movimiento activo conllevan un retraso en el despliegue de
su capacidad perceptiva, que interfiere de esta forma su capacidad intelectual
total. El desarrollo normal del niño en su totalidad física, mental, emocional
y social depende de esta capacidad motora.
La estimulación temprana
aprovecha la capacidad de aprendizaje y adaptación del cerebro en los primeros
años, proporcionando estímulos (visión, audición y tacto) por medio de
ejercicios a manera de juegos que se realizan en forma repetitiva logrando
incrementar y potenciar las funciones cerebrales en los aspectos físicos,
sensorial y social que le serán útiles para su vida. Es un proceso dinámico y
constructivo, que requiere de una dedicación diaria acorde con los avances del
bebé, reconociendo y motivando el potencial de cada niño/a en particular y
presentarles retos y actividades adecuadas que fortalezcan su autoestima,
iniciativa y aprendizaje.
Estamos totalmente seguros
que la estimulación que un niño/a recibe durante sus primeros años constituye
la base sobre la cual se dará su desarrollo posterior ¿Cómo no aprovechar estos
momentos?
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1.- Libro Estimulación
Temprana, Cuándo y cómo aplicarla; Joaquín Gracía L. Mirbet ediciones. 2006
2.-Influencia de la estimulación temprana en la parálisis cerebral. . M.E. García-Navarro a, M. Tacoronte b, I. Sarduy b, A. Abdo
e, R. Galvizú c, A. Torres d, E. Leal a; The effect of early stimulation in
cerebral palsy. REV NEUROL 2000;
31 (8): 716-719